DAME TU LUZ
Jesús amado,
todas las suaves melodías
me hablan de ti,
tú vives en los ecos del viento
y me apresuro con mi lápiz
a escribirte una misiva.
Eres mi Dios,
mi adoración
y tus lágrimas son mías.
Quiero reposar en tu pecho
y contarte mis sufrimientos
y que me des tu consuelo.
Ya se termina la vida
y no sé dónde acabará mi vuelo,
sólo te pido que no me ates
a la soledad.
¿Habrán otras almas
en esa gran vastedad?
¿Alguien a quien abrazar?
¿Seré capaz de recibir
tu misericordia y tu paz
a través del oleaje de cristal?
¡Dame tu luz que nunca muere
y líbrame de la oscuridad!
INGRID ZETTERBERG
Dedicado a mi amado
Señor Jesucristo
Derechos reservados
de la autora
