TU NOMBRE CALLARÉ
Oh dulce dolor de estar.
Y sólo porque te amo
debo tu nombre callar.
Ojos que vigilan mi alma
desde la sombra;
bocas que se ensanchan
para murmurar.
¡Ay de mí!
que te adoro en medio
de tantos lobos.
Pero suave como la luz
que crece
con la aurora,
déjame destilar
lo que de ti
llevo guardado en mí,
aunque tu nombre
no pueda gritar.
INGRID ZETTERBERG
Dedicado a mi amado
Señor Jesús
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