ADORACIÓN FEBRIL
¡Cuánta belleza ya se ha ido!
¡Cuánta danza celestial !!
Mis brazos se agitaban
cual alas magistrales
para adorarte
y yo perdía la noción de la vida,
del tiempo que huía.
Sólo me importaba
perderme en esta adoración febril
mientras mis lágrimas resbalaban.
Y aquí estoy rememorando
los días lejanos
que se perdieron en el sendero de los años.
Los domingos aquellos en que fui tuya
en aquel bosque de visiones
cuando tu voz audible
me hablaba secretos que no puedo nombrar,
misterios que nadie entenderá.
INGRID ZETTERBERG
Dedicado a mi amado
Señor Jesucristo
Derechos reservados





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